Hace 500 años, el 16 de noviembre de
1519, la villa San Cristóbal de La Habana quedó asentada
definitivamente en un lugar llamado puerto Carenas, junto a la ensenada
de Guasabacoa, a la entrada de la bahía.
Ese mismo año se celebró en lo que es hoy la Plaza de Armas, la
primera misa y el primer cabildo a la sombra de una ceiba. En 1754 el
gobernador Francisco Cagigal de la Vega, en recordación a la ceremonia,
erigió una columna de tres caras que sustentaba en lo alto una pequeña
imagen de la virgen del Pilar y en su base dos inscripciones sobre estos
acontecimientos, una en latín y otra en castellano antiguo.
“En 1728 fue fundada en el
convento de Santo Domingo la Real y Pontificia Universidad de La Habana,
bajo la advocación de San Jerónimo y la dirección de los dominicos” Foto: Archivo
En 1828 el capitán general Francisco Dionisio Vives y Planes, decidió
construir un templete, que le daba mayor solemnidad a la ceremonia que
se había efectuado en ese lugar.
Pasó el tiempo y la villa se ampliaba con el asentamiento de bohíos
de tabla y guano a lo largo de la orilla de la bahía y para otras zonas
en el sur. Los habitantes llevaban una apacible vida dedicada a labores
agrícolas y a la rutina diaria.
Y de la nada aparecen los corsarios y piratas frente a la bahía. El
primer ataque a La Habana lo realizó un filibustero francés en el año
1537. Al año siguiente otro corsario también francés tomó la villa
durante quince días, tiempo suficiente para quemar y saquear a los
vecinos, llevándose, además, la campana de la iglesia. Y así continuaron
por un tiempo los piratas aterrorizando a la población.
Cárcel
de La Habana “En esta cárcel situada en el Paseo del Prado y la calle
San Lázaro, guardaron prisión durante los tiempos coloniales
numerosísimos detenidos, presos y sentenciados políticos; como los
estudiantes de medicina. Entre esos patriotas allí encarcelados figura
en primer término José Martí, el Apóstol de nuestras libertades, que
guardó prisión en una de las celdas de ese penal durante varios meses de
los años 1869 y 1870, mientras tenía que realizar en la Cantera de San
Lázaro los terribles trabajos forzados que luego describió del modo más
vívido en su obra El presidio político en Cuba”. Fue desactivada en
1926. Foto: Archivo de Granma
Alarmada por esta situación la Reina de España ordenó la construcción
de la primera fortaleza, el Castillo de la Fuerza, que quedó terminado
el 12 de marzo de 1540. Luego se inició un plan de fortificación de La
Habana, con la construcción del Castillo de los Tres Reyes del Morro, en
la entrada del canal del puerto que terminó en el año 1630.
El Rey Felipe II de España le otorgó por la Real Cédula, el 2 de
diciembre de 1592, a La Habana, el título de Ciudad, atendiendo a la
importancia que tenía La Habana por la recalada de los barcos en su
travesía a la península, así como por el auge económico y de visitantes
que esto representaba, entre otras consideraciones.
La pequeña fortaleza de La Chorrera, se terminó en el 1647 y el
Torreón de San Lázaro, en 1665, ambos fuera de la ciudad. Finalizada la
dominación inglesa comenzó un segundo plan de construcción de
fortificaciones como la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, el Castillo
de Santo Domingo de Atarés y el Castillo del Príncipe.
Teatro Albisu, en cuyos terrenos fue levantado el Centro Asturiano (hoy Museo de Arte Universal). Foto: Archivo de Granma
También para proteger a la ciudad se construyó una muralla de piedras
que como un enorme cinturón la rodeaba. El 3 de febrero de 1674 comenzó
su construcción y se terminó en el año 1797, con dos puertas, una al
Norte, la de La Punta, y otra al Oeste, la de La Muralla. Posteriormente
fueron abiertas otras: las de Colón, las dos de Monserrate, otra junto a
la de La Muralla, la de Arsenal, la de La Tenaza, la de Luz, la de San
José, y la de Jesús María.
Y La Habana continuaba creciendo, ensanchándose, lo que originó la
formación de dos ciudades, una dentro de la antigua, y otra la moderna,
fuera de las murallas, que se conocían por los nombres de Intramuros y
Extramuros .
El historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenrig, en su obra La Habana, apuntes históricos, señala lo siguiente:
“La primera división legal de La Habana la llevó a cabo el capitán
general conde de Ricla en bando de 23 de septiembre de 1763, separando
la ciudad en cuatro cuarteles: el primero comprendía toda la parte sur
hasta la calle de Acosta; el segundo, desde la calle de Acosta hasta la
de Amargura; el tercero, desde la calle de Amargura hasta la de
O’Reilly; y el cuarto, el resto de la población.
Teatro Tacón. Foto: Archivo de Granma
El sucesor de Ricla, capitán general Bucarely, modificó esta
división, distribuyendo la ciudad sólo en dos cuarteles, el de la Punta y
el de Campeche, subdivididos cada uno en cuatro barrios: el primero, en
los de Dragones, El Angel, La Estrella y Monserrate; y el segundo en
los de San Francisco, Santa Teresa, Paula y San Isidro. Todo ello, desde
luego, para la población intramural, hasta que en 1807 se dividió ésta
en dieciséis barrios, y la extramural en capitanías de partido, las que
en 1841 el capitán general Gerónimo Valdés dividió en seis barrios,
considerándose, desde 1851, la población de extramuros como parte
integrante de la capital, y ampliada a los nuevos pueblos del Cerro,
Jesús del Monte y Arroyo Apolo, así como también a las poblaciones del
otro lado de la bahía: Regla y Casa Blanca.”
Para que los lectores mayores recuerden y disfruten, y los jóvenes
conozcan, les mostramos un grupo de imágenes de La Habana que reflejan
la vida y el movimiento de su población en aquella época.
Fuentes: Emilio Roig de Leuchsenrig, en su obra La Habana, apuntes históricos, Tomos I,II y III.
Teatro
Payret “Este teatro, situado en un lugar verdaderamente privilegiado de
la Ciudad, con el frente hacia el Prado o Paseo de Martí, donde hoy se
encuentra el Capitolio Nacional, el costado sobre el Parque Central, y
el fondo sobre la calle Zulueta, es de amplísimas proporciones, y fue
construido por un hombre de negocios catalán, Joaquín Payret, con el
intento de que rivalizara con el de Tacón o lo superase; en realidad le
aventaja en algunas dimensiones, ligeramente, pero nunca hizo deslucir a
aquél, a pesar de haber presentado también espectáculos de excepcional
brillantez”. Foto: Archivo de Granma
Hotel Inglaterra. Foto:
Parque
Central “Situado exactamente en la frontera entre La Habana antigua y
la moderna, es decir, inmediatamente más allá del recinto que encerraron
las viejas murallas, el Parque Central no fue, en sus principios, más
que el comienzo del famoso Paseo de Extramuros o Alameda de Isabel II,
hasta que poco a poco fue adquiriendo personalidad propia. Durante
largos años separaba los dos tramos del Paseo del Prado, hoy Paseo de
Martí, cuando éste se extendía así en dirección al mar como hacia la
actual Plaza de la Fraternidad; este segundo tramo desapareció al ser
construido el Capitolio Nacional. El Parque Central, en cuyo centro se
alzó, hasta el cese de la dominación española, la estatua de una reina
de nefasta memoria, Isabel II, se convirtió poco a poco en el lugar más
frecuentado de La Habana durante las últimas décadas del período
colonial y el primer medio siglo de la era republicana. En él fue
erigida en su centro la primera estatua que en nuestro país se levantó
como homenaje al Apóstol José Martí, y que aún allí se conserva como el
primero y más espontáneo tributo popular a su memoria excelsa”. Foto: Archivo de Granma
Manzana de Gómez.. Foto: Archivo de Granma
Manzana de Gómez en el Parque Central. Foto: Archivo de Granma
En
aquella época tanto las mujeres como los hombres llevaban en algún
momento sombreros, de ahí que los comerciantes ofertaran este artículo
de vestir, como se aprecia en esta tienda. Manzana de Gómez. Foto: Archivo de Granma
Calle Obispo. Foto: Archivo de Granma
Calle Obispo. Foto: Archivo de Granma
Calle Obispo. Foto: Archivo de Granma
La Moderna Poesía al inicio de la Calle Obispo. Foto: Archivo de Granma
Parque
Maceo “Este parque se construyó frente al mar, al final del primer
tramo del Malecón, y a la altura de la Calzada de Belascoaín o Avenida
Padre Varela, para emplazar en su centro el monumento erigido, el año
1916 en homenaje al egregio caudillo Mayor General Antonio Maceo y
Grajales, el héroe cubano por excelencia en nuestras guerras de
independencia. Cuenta con una amplia fuente, y ha sido objeto de
diversas modificaciones, siendo realizada la última de ellas por el
actual Gobierno Revolucionario. Su amplitud y su situación le otorgan
una cierta grandiosidad y belleza. En el lugar que hoy ocupa existió, en
lejanos tiempo coloniales una fortaleza española, la Batería de la
Reina y también una entrada de mar, la vieja Caleta de San Lázaro, que
se menciona en las más antiguas crónicas de la Villa de La Habana.”. Foto: Archivo de Granma
En una parte de los terrenos donde estaba situada la Batería de la de la Reina, se construyó el Parque Antonio Maceo. Foto: Archivo de Granma
El Malecón habanero mantiene todo su esplendor y es orgullo de todos los habaneros y cubanos. Foto: Archivo de Granma
La vista panorámica nos muestra casi todo el Malecón habanero. Foto: Archivo de Granma
Un ángulo de la famosa Plaza del Vapor en La Habana. Foto: Archivo de Granma
Patio interior de la Plaza del Vapor. Foto: Archivo de Granma
Parque Trillo. Foto: Archivo de Granma
Entrada al populoso barrio chino de La Habana. Foto: Archivo de Granma
Los coches, como medio de transporte urbano circulaban por las calles de La Habana Vieja. Foto: Archivo de Granma
Una calle de la Habana Vieja. Foto: Archivo de Granma
Los habaneros caminan por las aceras de las centenarias calles de la ciudad. Foto: Archivo de Granma
Elegantes damas habaneras de paseo por las calles de la ciudad. Foto:
Esquina de San Lázaro y Belascoaín. Foto: Archivo de Granma
Este kiosco se situaba en la esquina de algunos parques y otros lugares donde frecuentara la población. Foto: Archivo de Granma
Esquina de Zanja y Galiano. Foto: Archivo de Granma
Exclusiva tienda de la calle Obispo que se dedicaba a la exportación de mercancía francesa. Foto: Archivo de Granma