El joven de Birán que anda por ahí…entre nosotros

Foto tomada de internet

Como Quijote irreductible, Fidel compartió siempre sueños y esperanzas con las nuevas generaciones de cubanos y tuvo la certeza de que los pinos nuevos serían continuidad de la Revolución y garantía de independencia y soberanía.

En un sentido y premonitorio mensaje a la juventud cubana, en junio de 2007, escribía:

“Ser o no ser—creo que dijo Shakespeare en uno de sus dramas. Esa es la alternativa de los jóvenes. Cualquier otra cosa sería vivir en el más idílico de los mundos algunas decenas de años, que en la historia del tiempo no serían más que unos segundos.

“Si los jóvenes fallan, todo fallará. Es mi más profunda convicción que la juventud cubana luchará por impedirlo. Creo en ustedes”.

El líder de la Generación del Centenario, nunca dudó del imprescindible protagonismo de la juventud, en el colosal proyecto social iniciado en 1959.

Por ello, desde sus primeras batallas, la Revolución triunfante contó con el apoyo decidido de los más lozanos, quienes comenzaron a construir su propia historia.

Fueron jóvenes la inmensa mayoría de los brigadistas que en 1961 marcharon a alfabetizar a millones de compatriotas y jóvenes también los artilleros, que ese mismo año, combatieron y murieron en las arenas de Playa Girón.

Desde entonces hasta hoy, las nuevas generaciones de cubanos siempre han estado presentes en cada tarea de la Revolución, en escenarios y contextos diferentes.

Siempre aspiró Fidel a que los jóvenes no procedieran de forma dogmática, ni guiados por esquemáticos manuales ajenos a nuestra realidad. Deseaba que actuasen por conciencia, por conocimiento, por sabiduría.

El 13 de marzo de 1962, fecha en que rendía homenaje a los mártires del asalto al Palacio Presidencial, el soñador insumiso expresaba:

“¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir?. ¡No! Queremos una juventud que piense (…) una juventud que aprende por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento”.

A pesar de falsedades propaladas desde 1959 por grandes medios de comunicación y enemigos dentro y fuera de Cuba, para Fidel y sus compañeros de lucha, la Revolución siempre constituyó una gesta impregnada de futuro, una obra colosal y humana que se sobreponía a intereses personales o de cualquier otra índole y entrelazaba a diversas generaciones de patriotas.

En los albores de la Revolución en 1962, durante el Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, resaltaba que, “a nosotros nos ha correspondido el privilegio o el derecho de empezar a hacer esa Revolución…. A ustedes sí que les corresponderá el privilegio de llevarla adelante”.

Y añadía: “La Revolución que estamos haciendo nosotros no es la Revolución que nosotros queremos; la Revolución que nosotros queremos es la Revolución que van a hacer ustedes”.

Hoy, una nueva generación de cubanos toma el relevo y ocupa los más altos cargos del país. La Revolución sigue su rumbo hacia el futuro con manos firmes en el timón.

Los mambises de hoy enfrentarán los retos y las batallas de su tiempo.

Les acechan peligros viejos y amenazas encubiertas, pero no van solos ni desarmados. Un eterno rebelde les acompaña. Y un arsenal de ideas, de ejemplos, de historia.

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