Los Ángeles, 1969. Un año marcado por la guerra fría, Richard Nixon, el movimiento hippie, Woodstock, la llegada del hombre a la luna y la sangrienta irrupción de Charles Manson y su secta. En este contexto, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor de series de cowboys venido a menos, junto a Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de riesgo y mejor amigo intentan conseguir un lugar en una industria que está mutando. En este camino cruzarán destinos con Sharon Tate (Margot Robbie), una cara fresca de Hollywood, esposa del director del momento Roman Polanski y futura víctima del clan Manson.
Esta dupla de personajes junta por primera vez en escena a dos de los actores más talentosos y populares de las últimas décadas: Leonardo DiCaprio (Dalton) y Brad Pitt (Booth). Ellos son el combustible de una historia que combina el glamur de Los Ángeles de 1969, la nostalgia de una forma de hacer cine y televisión borrada por el tiempo y la tensión que imprimen el psicópata Charles Manson y su legión de seguidores (tres de ellos masacraron a Tate, que estaba embarazada, y a sus amigos, el 9 de agosto de ese año).
Y aunque esta sea su primera vez compartiendo créditos, es evidente la química entre DiCaprio y Pitt, cada uno con caminos muy diferentes por recorrer en la película. Dalton está balanceándose entre encontrar por fin la fama y el respeto de la industria o caer en el fracaso absoluto (es ahí donde surge la relación con otro personaje icónico de Tarantino, Jackie Brown, que está en un punto de quiebre tras haber malgastado la mayoría de su vida).
La película de Quentin Tarantino es la 9° de este escritor y director cuenta con un gran elenco y múltiples historias que son un tributo a los últimos momentos de la época de oro de Hollywood.
