Gobernadores y vicegobernadores con el reto de una gestión más eficiente

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Su elección, dispuesta en la Constitución de la República, situó desde este sábado al país en la senda de una gestión de Gobierno más eficiente, senda compleja, sí, tan compleja como transitable.

Y no es que estemos, en modo alguno, al inicio de esa ruta; solo que es mucho más lo que habrá de transitarse de la mano de los gobernadores y vicegobernadores, quienes, luego de asumir sus cargos, se convertirán en los máximos responsables ejecutivo-administrativos de sus provincias.

Que las dificultades en cada territorio sean más o menos sorteables; que la cuesta de las metas, siempre empinada, lejos de amilanar, convide; que los cambios, más que en la estructura, calen en el buen hacer, dependerá en gran medida del empeño de los recién electos por el voto libre, igual, directo y secreto de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular.

Y nada, absolutamente nada, podrá ser formal en su gestión. Porque no solo se trata de cargos con nuevas competencias, sino de una voluntad transformadora, de perfeccionamiento, que impacte en el día a día de los cubanos, en mayor calidad de vida y bienestar.

Las riendas económicas de la provincia, por ejemplo, tendrán que llevarse con responsabilidad, que implica coherencia con las políticas y líneas estratégicas del país y, al mismo tiempo, capacidad para atemperarlas a las características de los territorios.

«Exigir y controlar» –como versa en las atribuciones constitucionales del Gobernador– «el cumplimiento del plan de la economía y la ejecución del Presupuesto provincial», debe trascender el chequeo frío de los números, como tanto se dice y no siempre se hace.

Más allá de analizar los ingresos recaudados, hay que interesarse por los sectores que los generaron y por cuánto más pueden aportar; más allá de controlar lo ejecutado, hay que llegar hasta el destino del gasto y evaluar su impacto; más allá de un banco de problemas minuciosamente identificados, hay que contar con un banco de soluciones eficazmente implementadas.

Velar por el feliz término de los planes de desarrollo y ordenamiento territorial es otra de las funciones significativas de esta nueva estructura, a lo que se suma «la presentación al Consejo de Ministros, previo acuerdo del Consejo Provincial, de las propuestas de políticas que contribuyan al avance integral de la provincia».

¿Quiénes, sino los encargados de seguir muy de cerca los proyectos, son los idóneos para proponerlos? ¿Quiénes, sino los actores directos de cada territorio, pueden aquilatar en su justa medida lo que resulta más conveniente para sus pobladores?

La elección de los gobernadores y vicegobernadores provinciales supone, a todas luces, un paso adelante en la institucionalidad; y su desempeño, más allá de la consagración y la práctica proba, debe tener el valor agregado de la previsión, de la luz larga para el desarrollo, de la chispa emprendedora y la oportunidad, del riesgo y su manejo, de la autonomía comprometida, del hacer bien por todos.

En los gobiernos cifran los pueblos sus esperanzas de progreso. La efectividad de la gestión es, desde ya, el mayor reto de quienes tienen sobre sus hombros la administración de las provincias.

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