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Llegar a la tercera edad, un privilegio

abuelos4Las asistentes de la Casa de Abuelos son un personal principal en la atención a los ancianos / Foto de archivoTeresita es una pinareña, que cumplirá 77 años el próximo 13 de mayo. Ella, hasta hace algún tiempo, fue cocinera en varios centros escolares del municipio cabecera. Sin embargo, hoy tiene un trabajo mucho más difícil e indispensable: cuidar a su madre, una anciana que roza los 100 años.

Teresita es una vieja y lo decimos con respeto y no desdén, pues ella, es uno de los tantos héroes anónimos que hoy caminan entre nosotros: en la acera, la guagua o en el hogar de cualquier cubano. Al final, sus errores o aciertos nos trajeron hasta aquí.

Cuando alguien la visita puede apreciar en su rostro las huellas del tiempo. Es cierto, la vida desgasta y maltrata y ella necesita fuerzas para lidiar con su vieja.

Estas dos ancianas pinareñas engrosan hoy estadísticas preocupantes. Ambas se incluyen dentro del amplio grupo de personas que rebasan los 60 años en Pinar del Río, las cuales representan alrededor del 20% de la población total.

Las cifras demuestran que en no pocos hogares vueltabajeros, unos ancianos cuidan a otros aún mayores. De ahí que velar por el envejecimiento poblacional sea hoy un reto para nuestra sociedad.

En Pinar del Río, por ejemplo, entre las estrategias para asegurar mayor calidad de vida a personas como Teresita, está la apertura de varias casas de abuelos para garantizar una atención más integral a este segmento poblacional.

De esta manera, los ancianos reciben una alimentación adecuada, acceden a servicios médicos y permanecen allí durante el día,  con un programa de actividades que los haga sentir útiles y no una carga para la familia.

Son disímiles los procesos que nos llevan a estar atentos ante el envejecimiento poblacional: el aumento de la esperanza de vida, los bajos niveles de fecundidad, las nuevas estructuras en las familias, la disminución de las fuerzas de trabajo, etc. Todo se presenta de forma tal que obliga a nuestra sociedad a aprender a envejecer, y a comprender que llegar a la tercera edad es un privilegio.

Sentir cómo el cuerpo empieza a arrugarse, los huesos a volverse más frágiles, los sentidos a fallar y la memoria a debilitarse, es un regalo de la vida que no todos obtienen.

Por ello, cuidar de nuestros ancianos con amor, dedicación y paciencia, es una lección que la vieja Teresita  se empeña en enseñar a sus hijos y nietos.

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