Manos amigas y seguras abiertas a la comunidad

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“Al principio todo era color de rosa. Flores, regalos, elogios. No sé en qué punto esta hermosa relación cambió. Sin darme cuenta mi vida pasó de ser un cuento de hadas a convertirse en un verdadero calvario”, recuerda Jennifer, una pinareña que a sus treinta y tantos años ha vivido experiencias bastante traumáticas.

“Dolor, sufrimiento, frustración, agonía… Esa fue mi realidad durante cinco largos años. Primero comenzaron las humillaciones verbales, el maltrato psicológico de todas las formas posibles, y por supuesto, los golpes, puñetazos que no solo me perjudicaban a mí –en lo personal y profesional- sino también a mis hijos. Al más pequeño lo tuve que llevar al psicólogo porque estaba agresivo y la niña vivía con miedo de que me fuera a pasar algo”, continúa el relato.

“Los golpes eran tan fuertes que hasta me fracturó la clavícula y llegamos a un punto en que ya me daba igual que él me matara o matarlo yo a él. Era algo insostenible”, rememora en su mente y en su rostro puede verse que con cada palabra revive esos amargos momentos.

“Cuando finalmente me decidí a dejarlo, no lo aceptó, de hecho, tuve que irme de mi casa y vivir con mi mamá porque él no me dejaba acercarme y, cuando lo hacía, eran problemas con él y su familia”, agrega.

Y cuando parecía que no habría ninguna solución, una amiga le recomendó ir a la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF), sita en la esquina de Colón y Ceferino Fernández Viñas (Virtudes), en el municipio cabecera.

“Allí conocí a Paula, la muchacha de la Federación que me acogió y me ayudó muchísimo. En este sitio recibí todo el apoyo que por años busqué y finalmente entre todas logramos que él saliera de mi casa y que le pusieran una carta de advertencia de que no podía acercarse a mí.

“A partir de entonces, recomencé mi vida, me volví a casar, me integré más a las actividades de la farmacia donde trabajo, les di otro nivel de vida a mis niños, compartí más tiempo con ellos y eso es algo por lo que siempre estaré agradecida”, comenta esta vueltabajera, una de las tantas que encontró en la COMF manos amigas y seguras.

Y es que, desde su fundación hace ya 29 años, las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, constituyen espacios de reflexión, aprendizaje y, sobre todo, orientación.

«Nuestra misión es estar ahí para la gente, infundirles confianza, escuchar sus preocupaciones y sus miedos. Nos corresponde trabajar con ellos mano a mano, ayudarles a descubrir sus fortalezas y ofrecerles herramientas para que identifiquen las mejores vías para solucionar sus problemas», asegura Lilian Alfonso Acosta, integrante del secretariado de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el municipio de Pinar del Río para atender actividades ideológicas.

“Trabajar en las COMF es tremendamente gratificante, pues uno siente que está haciendo algo útil y bueno por los demás”, agrega la funcionaria.

“Pudiera relatar cientos de historias de superación personal que hemos atestiguado desde aquí. Ahora mismo viene a mi cabeza el caso de un adolescente que andaba desaparecido de su hogar desde hacía meses. Estaba volcado de lleno a la prostitución y había dejado sus estudios. Nos tocó localizarlo, programarle consultas con el psicólogo y mostrarle caminos rectos por donde andar. Era apenas un niño y estaba tan perdido… Afortunadamente fue receptivo y decidió abandonar esa rutina que lo estaba destruyendo. Se vinculó a los cursos nuestros y actualmente es barbero”, comenta orgullosa.

“En dependencia del problema que tengan tratamos de encontrar la solución, buscamos la forma de escondernos en cada pedacito de su cuerpo, para que se den la oportunidad de abrirse con nosotros, de confiarnos sus problemas, y así poder actuar junto con ellas y encontrar soluciones”, manifiesta Darisleidi Páez Moinelo, técnica de trabajo social.

Pero este, no es el trabajo de una o dos personas, sino que depende de la labor conjuntade un grupo multidisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria y fiscales, entre otros especialistas.

Además, “se priorizan las que contribuyan a la educación y orientación de la familia para la atención a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, porque estamos conscientes de que lo más importante es la prevención, pues solo así podremos evitar conductas negativas que afectan la calidad de vida de la familia en general”, explica la coordinadora de la COMF en el municipio de San Luis, Dianelys Palacios Hernández.

Educación, orientación y aprendizaje para la vida

Desde muy pequeña Mavaris Cruz Javiqué tuvo que aprender a enfrentar los problemas de la vida con valentía. El abandono de su madre a tan temprana edad, es algo que nunca podrá olvidar.

“Al marcharse mi mamá me quedé bajo el cuidado de mis tías paternas, quienes me ofrecieron hogar y educación. A los 17 años –ya embarazada- me tracé la meta de formar y educar a mi hija por el camino del bien. En este empeño recibí mucho apoyo de las trabajadoras de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia”, cuenta esta palaceña a quien los problemas no le han podido borrar la sonrisa.

“Me ayudaron a encontrar trabajo como auxiliar de limpieza en la ESBU 20 Aniversario, posteriormente me trasladé a una cafetería a realizar la misma función, y finalmente me acogí al trabajo por cuenta propia como mensajera, una labor que realizo hasta hoy”, añade.

“Hoy mi hija es Licenciada en Enfermería y jefa de una sala de Obstetricia en el Hospital Comandante Pinares, así que al parecer lo hice bastante bien. Pudiera decir que, si no fuera por las trabajadoras de la Casa y de la FMC, yo no tuviera hoy una vida”, afirma y en su cara es visible el agradecimiento.

Y es que, orientación individual, trabajo grupal y capacitación, son las principales líneas de trabajo de quienes laboran para brindar atención especializada a aquellas personas que acuden a la organización en busca de asistencia.

Mediante conversatorios, diálogos, talleres y espacios de convivencia familiar, en la Casa de Orientación a la mujer y la familia, los interesados pueden encontrar apoyo y ayuda, de ahí que este constituya un espacio para trabajar, fortalecer principios y educar en correspondencia con ellos.

A decir de la orientadora de la COMF del municipio cabecera, Aleja Curbelo Mirabal “aquí se realizan talleres, cursos de adiestramiento de los más disimiles oficios –peluquería, barbería, maquillaje, estilo, fisioterapia, corte y costura, entre otros-, que sean útiles para que las mujeres aprendan y después ejerzan alguna de estas profesiones”.

“De ahí que sea sumamente importante el trabajo de nuestras colaboradoras, ellas forman parte fundamental del trabajo que realizamos. En este sentido, tenemos, por ejemplo, de salud, educación, justicia, estilo, psicólogos, juezas, bibliotecarias y de otros perfiles”, agrega esta funcionaria que desde hace más de 5 años no concibe su vida sin la COMF.

“Para nosotros no existe mayor recompensa que ver cómo luego de pasar varios meses aprendiendo, salen de los cursos como verdaderas profesionales, y que luego se incorporen a la vida laboral, ya es una batalla ganada, significa que nuestro trabajo no ha sido en vano”, expresa Bárbara Iglesias, estilista que colabora con la COMF en Los Palacios.

También en el quehacer de la COMF sobresale el vínculo con instituciones de salud de la provincia, la visita a los hogares de ancianos como parte del programa de atención al adulto mayor y la materialización de proyectos educativos en varias escuelas,

Una casa de puertas abiertas

Las casas de orientación se asumen además, como espacios de trabajo comunitario para realizar acciones de promoción de salud, concienciar sobre el protagonismo de la mujer en la sociedad y promover el respeto hacia los derechos del niño, el acceso a la seguridad social, y la garantía de los derechos laborales y ciudadanos.

No obstante, para muchos, la interrogante es ¿están cumpliendo hoy con la función para la que fueron creadas?

“Las mujeres se acercan a la Casa, pero aún no es suficiente, todavía hay personas que ni conocen nuestro trabajo, por eso esta es una tarea que estamos potenciando bastante, sobre todo desde los bloques, para llegar a la base y lograr que la gente conozca lo que hacemos, sobre todo esas jóvenes que hoy están desvinculadas del estudio y del trabajo”, opina Aleja Curbelo Mirabal.

Lo cierto es que hoy estas casas tienen el reto de continuar rompiendo estereotipos, abriéndole caminos a la mujer y ubicandola en el lugar que le corresponde en la sociedad. Por ello, urge una mayor divulgación de su quehacer, de manera que todos se motiven y participen en cada una de las actividades que organizan. Pero, sobre todo, tienen el desafío de lograr que cada persona que se sienta discriminada, violentada o victimizada sienta la confianza de tocar estas puertas y pedir la ayuda que necesita para darle un rumbo a su vida.

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