Un homenaje en el Sabicú

Foto: Eduardo González Martínez

Un festejo en la noche del 12 de agosto era la tradición. Para los niños significaba un espacio donde volcar sus inquietudes histriónicas. Se convertían en coreógrafos, directores artísticos, escenógrafos, camarógrafos y periodistas.

Eran todólogos para garantizar que la gala que se presentaba en el Anfiteatro Sabicú del Consejo Popular La Conchita en Pinar del Río, saliera lo mejor posible.

Claro que no siempre era así. A veces surgía un bache en medio de la presentación, alguna letra era olvidada, y hasta dejó de escucharse el audio. Pero nada apagaba el vitoreo del público, padres, tíos, amigos o vecinos del barrio. Todos tenían un artista preferido al que apoyar y del que disfrutar.

La recompensa les esperaba al final. Justo en la sala de video de esa localidad los papás guardaban el tesoro: el cake de la celebración, los caramelos, los dulces, el refresco y el helado. ¡Todo lo que un buen cumpleaños exige!

¡Y eso no era todo! Estaban autorizados a quedarse despiertos después de las doce bailando y cantando. A veces hasta lograban el permiso para una pijamada, a lo cual ayudaban Gaby y Pipo, los gestores del proyecto sociocultural Los Chapuserios, promotor de la iniciativa.

Este agosto los niños de La Conchita retomarán por la noche su tradicional gala en el Sabicú, en espera del 13. Ya no hay una fiesta que celebrar. Pero tienen un homenaje que rendir.

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