¡Actuar ahora: poner fin al trabajo infantil!

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Cifras que alarman. Vivencias que estrujan el corazón. Acciones que preocupan. Niños que sufren. Gobiernos que no responden adecuadamente a este tipo de situaciones.

Desgraciadamente esta es la realidad que se vive hoy en muchos países, sobre todo de África,  Asia y el Pacífico, regiones que acumulan casi la mitad de los casos de trabajo infantil en el mundo, al sumar 134 millones de niños que laboran, principalmente en el sector agrícola, en actividades de subsistencia o comerciales, o de cría de ganado, empleos que se consideran peligrosos para su salud o su vida.

La población restante se divide entre las Américas (11 millones), Europa y Asia Central (6 millones) y los Estados Árabes (1 millón). En términos de incidencia, el cinco por ciento de los niños están en situación de trabajo infantil en las Américas, el cuatro en Europa y Asia Central y el tres, en los Estados Árabes.

Lo preocupante es que esta situación ocurre desde hace décadas, sin que los gobiernos hayan encontrado una salida satisfactoria para resolver el problema, que cada vez es más recurrente y perturbador. La mayoría de esos niños no tienen acceso a la educación, ni a las necesidades básicas de todo ser humano.

Si bien los estudios muestran que estas estadísticas son menores con respecto a años anteriores, lo cierto es que sigue siendo un fenómeno que afecta a millones de infantes y sus familias, una situación -que además- se ha agravado con las consecuencias de la crisis generada por la COVID-19.  

La pandemia ha traído consigo una situación de mayor pobreza para esas personas que ya se encontraban en situación vulnerable, y podría revertir los años de avances en la lucha contra el trabajo infantil. El cierre de escuelas ha agravado la situación y millones de niños trabajan para contribuir a los ingresos familiares.

A esto hay que añadirle la situación de crisis sanitaria que eleva el riesgo de contagios en este tipo de trabajos que no cuentan con ninguna protección. También la crisis social y económica empuja a un mayor número de niños a buscar su subsistencia al no poder ser garantizada por los adultos, ni atendida por las instituciones creadas a esos efectos.

Y sí, visto desde nuestro prisma parecería una ficción, porque en Cuba, este fenómeno simplemente no existe. Aquí, tal y como expresara el Director General de la Organización Internacional del Trabajo, Guy Ryder,  “el trabajo infantil no tiene cabida en la sociedad”, porque en  nuestro país, todos tienen sus derechos garantizados.

Aquí, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, viven una infancia feliz. Entre juegos, enseñanzas y mucho aprendizaje, se forman en valores, se preparan para el futuro, y sobre todo, crecen con la tranquilidad de tener una familia, unos profesores y en general, una sociedad, que, -literalmente hablando- viven para ellos.

Por eso, en este Día Mundial contra el Trabajo Infantil es preciso sensibilizar y denunciar la explotación a que son sometidos los infantes en muchos países del mundo, negándoles a todos ellos una vida plena que le permita su desarrollo y bienestar integral.

Hay que llamar a la reflexión y buscar los mecanismos para prevenir estas situaciones indeseables. Hay que exigir la debida diligencia en materia de derechos humanos. Hay que alzar nuestra voz y gritar bien fuerte  ¡basta!, basta de maltratos, de injusticias y de explotación, porque, los niños tienen el derecho a vivir en una sociedad equitativa y feliz.

Tal y como dicta el lema de esta campaña,  ¡Actuar ahora: poner fin al trabajo infantil!