En tiempos de COVID-19: el respeto de la familia a los derechos del niño

Por máster Addis M. Cordero Hernández, profesora auxiliar del Departamento de Educación Preescolar de la Universidad de Pinar del Río/

La familia es la célula fundamental de la sociedad, por lo que se le atribuye determinadas funciones: biosocial, económica y educativa. En estos tiempos en que la mayoría de los niños se encuentran en sus hogares debido a la pandemia de la COVID-19, es de vital importancia que en el hogar cumplan y respeten los derechos de los niños.

Desde el 20 de noviembre de 1989, un tratado internacional -compuesto por 54 artículos- protege a los menores: La Convención sobre los Derechos del Niño. En Cuba fue ratificada en el año 1990, y en sus artículos reúne todo lo relacionado con el desarrollo infantil, a la vez convoca a la sociedad adulta a la consideración de una nueva ética o favor de la infancia, bajo el principio de la máxima prioridad para la niñez.

La visión de dicho documento jurídico está estrechamente vinculada con actitudes, conductas y modos de actuación de los diferentes responsables de la infancia y la sociedad en general. Se trata de que las familias y otros agentes educativos comprendan lo que significan en la vida práctica el reconocimiento del niño como un sujeto activo de deberes y derechos, y convoca al desarrollo de una nueva cultura de tratamiento y la relación con la infancia, en correspondencia directa con las tradiciones culturales de cada pueblo, y la acción política de sus gobiernos.

La protección a la infancia y a la adolescencia en Cuba se rige por el principio que “no hay nada más importante que un niño /a”; a su vez la Constitución de la República establece que todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes.

Los derechos del niño de la primera infancia son un conjunto de normas jurídicas que protegen a las personas hasta determinada edad; todos y cada uno de ellos son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna persona puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia.

La Convención refiere:

Derechos a la supervivencia: abarcan los derechos de los niños a la vida y a tener cubiertas las necesidades más importantes para su existencia; entre estas se incluye un nivel de vida adecuado; que comprende albergue, nutrición y acceso a los servicios médicos.

Derechos a la participación: estos derechos permiten a los niños asumir un papel activo en sus comunidades y naciones; incluye la libertad de expresarse, de opinar sobre los asuntos que afectan su propia vida, de asociarse y reunirse con fines pacíficos.

Derechos a la protección: en ellos se exige que los niños sean salvaguardados de todas las formas de abuso, abandono y explotación, y abarcan tópicos tales como la atención especial para niños refugiados, tortura, abuso para el sistema de justicia criminal, participación en conflictos armados, trabajo infantil, consumo de drogas y explotación sexual.

Derechos al desarrollo: se refieren a las condiciones que el niño requiere para alcanzar su mayor potencial, como son el derecho a la educación, al juego, el esparcimiento y las actividades culturales, al acceso a la información.

En las circunstancias actuales que vive el país y el mundo debido al nuevo Coronavirus, especialistas de la Educación Preescolar consideramos valioso y oportuno ofrecer algunas recomendaciones que faciliten a las familias cumplir con dichos propósitos:

  • Planificar, organizar y respetar el horario de vida de los niños según su edad.
  • Buscar lugares en la casa para crear espacios y condiciones lúdicas adecuadas para que los pequeños puedan jugar.
  • Los adultos deben participar con los niños en los diferentes juegos que realicen y aprovechar estos momentos educativos para estimular el desarrollo de conocimientos, habilidades y cualidades morales, según las características propias de su edad.
  • Contribuir a la formación de hábitos higiénicos para evitar cualquier contagio, fundamentalmente el cepillado correcto de los dientes; los hábitos nutricionales; la educación formal y la sexual .
  • Permitirle al niño que exprese sus criterios, sus ideas y tener la capacidad de escucharlo, comprenderlo y facilitarle la comunicación en un clima socio-afectivo agradable.
  • Evitar maltratos físicos, verbales, y psicológicos.
  • En la comunicación con los niños las palabras mágicas no pueden faltar: “buenos días”, “hasta luego”, “hasta mañana”, “gracias”, “permiso”, “por favor”, “disculpe”, “te quiero mucho”, “te necesito para ser feliz” …

Familia, todas las personas que conviven en el hogar son agentes educativos que pueden contribuir a la formación integral de los niños, siempre respetando sus derechos: “Todos juntos podemos”.

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