Para nadie es secreto que, no hacer las cosas con la calidad requerida en el momento correcto y a corto plazo puede traer consigo serias dificultades.
Existen disímiles ejemplos de cómo se deterioran objetos u obras solo por no subsanarlas o repararlas a tiempo.
En el kilómetro 3 de la carretera a La Coloma en el municipio de Pinar del Río, por ejemplo, una zanja que abarca unos 800 metros, diseñada para que no haya inundaciones sobre la carretera, desde hace varios años no se limpia, y por consecuencia, el agua en varios tramos corre sobre el pavimento deteriorando seriamente el vial.
Otro caso es en la calle Primero de Mayo esquina a Juan Gualberto Gómez, donde una alcantarilla permanece obstruida y la acumulación de las aguas albañales es constante, situación -por supuesto- que también afecta a vecinos y transeúntes.
Ambos ejemplos demuestran el daño que produce posponer acciones que, de realizarse en tiempo, no representarían luego un problema que afecta a los pobladores.
A ello sumamos el perjuicio que causa a la economía del país por el empleo de recursos, en ocasiones no planificados, para eliminar los problemas en viales y aceras.
Los encargados de supervisar estas acciones no debían esperar a quejas o planteamientos de la población para hacer lo que tienen comprendido dentro de sus funciones; sería bueno que, con sistematicidad, chequeen el estado de las obras o inversiones bajo su responsabilidad.
Los organismos relacionados con estos lamentables ejemplos, dígase Viales y Acueducto y Alcantarillado, deben trabajar unidos para evitar que desagradables situaciones como estas, se multipliquen.