“Pueblo que se somete, perece”, aseguró el más universal de los cubanos y nada más real en los tiempos difíciles que vivimos.
Hoy resulta decisivo este sabio pensamiento martiano, cuando Washington persiste en su intento de imponer dominio total en el continente y hacernos claudicar.
Mientras algunos doblan las rodillas, en gesto sumiso, cada persona de buena voluntad, cada cubano digno, enaltece el ejemplo de El Maestro, para salvaguardar la paz y sobre todo la libertad.
El verbo ardiente de José Martí nos vuelve a recordar la necesidad de que Cuba y el resto de los pueblos de Latinoamérica mantengan la vigilia ante los intereses colonialistas de los vecinos del norte.
Por ello, conscientes de esa cruda realidad, nuestros niños y jóvenes, junto al pueblo continúan inmortalizando su legado.
Y como cada año, en enero, volvieron a iluminarse las calles y cobraron vida los personajes de sus cuentos, en particular los de La Edad de Oro, esos que escribió con profundo sentimiento, para todos los niños de América.
A ese amigo sincero lo continuaremos honrando por todo lo humanamente bueno que nos legó en su corta, pero fructífera existencia.
Martí, para satisfacción de todos, es Cuba, por ello, su pueblo seguirá homenajeándolo cada día siguiendo la ruta que trazó, para el bien de nuestra Patria y de la América toda.