El niño que jugaba en La Gran Caverna de Santo Tomás

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Declarada Monumento Nacional en 1989

Maikel Lledia nació en la comunidad El Moncada, Viñales, Pinar del Río. De niño jugaba al escondido en la Gran Caverna de Santo Tomás, en la Sierra de Quemados, un laberinto de grutas que nos lleva a más grutas y todas diferentes. De imaginarlo esconderse dentro de ellas me aterro. Es como entrar al mundo por primera vez siendo tan pequeño y no perderse. La habilidad infantil en aquel entonces era descubrir siempre un poco más. De seguro jamás lo encontraban, él siempre llegaba donde otros no imaginaban que pudiera estar.

Lo que se convirtió en un juego de rutina despertó el interés en Maikel y cuando creció pasó un curso de espeleología en la escuela nacional Antonio Núñez Jiménez, ubicada en la comunidad, una idea del General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Aquel niño es -hace 16 años- uno de los guías que recibe a los visitantes y les explica cuantas preguntas hagan, en español y en inglés.

Son 46 kilómetros de cuevas en siete niveles. Él los ha recorrido todos. Muchas veces debe entrar, hasta cuatro veces en un día, a dos de ellos.

El nivel que prefiere es el cinco porque dice que “son cuevas donde no hay mucha corriente de aire y existen formaciones secundarias que son más atractivas para mí”, afirma mientras mira la colina desde el exterior. El primer nivel es el río subterráneo y después va en superior. Las helictitas parecen sopladas por el hombre como cuando se le da forma al vidrio.

En el interior de la caverna hay animales: la rana de cueva más grande del planeta, endémica de Santo Tomás, la golondrina de cueva y se puede ver algún tipo de majá. También, afirma, aparece el caracol más grande que tiene Cuba. Hay murciélagos y hasta gatos que prefieren la húmeda soledad.

Las estalactitas y estalagmitas parecen logradas por el pincel de algún artista. Es tanta la belleza que el tiempo es poco para deleitarse. De repente es de día y de repente es de noche. En un punto cualquiera hay cientos de detalles admirables para solo dos ojos.

Santo Tomás es el sistema cavernario más importante de Cuba y el mayor del territorio nacional con más de seis mil metros de longitud, según la enciclopedia cubana EcuRed. También el más grande del área geográfica de Centroamérica, las Antillas y América del Sur. Las espeluncas son consideradas como las más importantes, por la magnitud de 46.2 kilómetros y por los fósiles pleistocénicos.

El experimentado Maikel admira y atiende la Gran Caverna como lo más grande. Foto: Ivón Deulofeu.

Según EcuRed, las investigaciones subterráneas se iniciaron en 1954 por parte de la Sociedad espeleológica de Cuba. La Gran Caverna de Santo Tomás debe su nombre porque la red de galerías subterráneas había sido originada por antiguos ríos como el arroyo de Santo Tomás y sus afluentes.

El experimentado Maikel admira y atiende la Gran Caverna como lo más grande. Mientras se adentra va recogiendo cuanto han tirado personas inescrupulosas que violan medidas de seguridad ante la pandemia. Cuidar los tesoros de la naturaleza es salvar nuestra vida, dice con toda razón.

Se dice que la Gran Caverna es la princesa de las espeluncas cubanas. Foto: Ivón Deulofeu.

La exploración y estudio de la Gran Caverna es una parte importante de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Las referencias científicas quedaron en un libro de Antonio Núñez Jiménez y Carlos Aldana Vilas titulado: La Gran Caverna de Santo Tomás. Las investigaciones se han mantenido a través de los años por parte de los espeleólogos.

Se dice que la Gran Caverna es la princesa de las espeluncas cubanas. Su historia va desde los indios primitivos hasta el presente.

El guía me promete un viaje a la asombrosa Caverna en cuanto la COVID-19 sea un resto fósil. Por ahora Maikel se asoma de vez en vez al mundo que descubrió mientras jugaba al escondido siendo un niño.