Entre el amor y la tierra
Melissa Vidal llegó en diciembre de 2015 a Cuba desde Francia. Viñales era su destino final. Visitar la comunidad “Los Acuáticos” su sueño. Solicitó a las personas de la casa donde se hospedaba la guiaran hasta el sitio, distante para ir a pie y poco accesible en autos. Solo a caballo se llega por senderos.
Después de varias gestiones alguien le propuso el recorrido y presentó a “Perico” como se le conoce a Yoany Morales García, guía de caballos, en el Cuajaní. La belleza del joven campesino hizo que Melissa sintiera el nerviosismo de la atracción, ese que a veces es risa descontrolada.
“Sentí que el viaje a Cuba me cambiaría la vida y así fue”, me cuenta la muchacha sensible y linda que habla el español. Es tan sencilla que solo su acento francés la despinta de una campesina cubana.
La armonía del paisaje y la gente en el Cuajaní encantó a la francesa que regresó a su país e intentó olvidar. No pudo, y al mes regresó junto a “Perico” y su familia. Iba y venía, hasta que decidieron el amor y la tierra. Él sigue desandando trillos a caballo y ella también enamoró el suelo infértil que la sorprende día a día. Dice que éste valle tiene algo que todos no tienen.
L´Armonía

El pedazo de tierra que rodea la casa de “Perico” y su madre, ha sido convertido por Melissa y su “compañero de vida” en una finca ecológica que me sorprendió, porque tuve la sensación de ver en la tierra que cultivan pinturas al estilo barroco. No hay un milímetro vacío a partir del sistema de diseño agrícola denominado permacultura y que la joven conocía de experimentos en Francia.
Me cuenta que Yoany le decía: ¿de qué vamos a vivir? Y ella le habló de la integración de varias técnicas para el diseño de la vivienda y el paisajismo, otra característica de la permacultura que permite crear asentamientos humanos sostenibles a largo plazo, sin explotar recursos ni contaminar.
A partir de ahí surgió L´Armonía por el conjunto de sensaciones que hacían que Melissa sintiera la paz y la fraternidad del sitio. Qué nombre le ponemos a lo que queremos hacer- se preguntaba- y Perico le responde: Armonía, esa es tu palabra y creó el nombre a partir de la gramática francesa.

“En L´Armonía -me explica Melissa- sembramos diversidad y trabajamos con las alturas de las plantas. Este año sembré Ñame de montón que encontré en la montaña y en fritica es riquísimo”, sonríe.
“Se trata de demostrar que no siempre hay que pasar mucho trabajo para comer. No hay que temer y decir que no va a funcionar. Después de tres años no digo que no es difícil porque lo que es. A veces el clima no ayuda, pero es una maravilla ver tanta fertilidad. A “Perico” y a mí nos gusta hablar y recibimos a todo el que quiera pasar y descubrir esta manera de sembrar y lo que hacemos aquí. Nos encanta compartir nuestra idea”.

Con el Parque Nacional Viñales hicieron un proyecto cuya base es la casa y sembrar a su alrededor. Definieron tres partes incluyendo dos cafetales y una arboleda. Dentro de los cafetales diseminan otras plantas como aguacate, mamey y guayaba. En la arboleda hay Mango, Aguacate, Canistel, Acerola, Tamarindo, plátanos. La cuarta zona es el huerto.
En la finca, los animales tienen su lugar. Hay cerdos, carneros, caballos, bueyes, gallinas libres. Los cultivos son un circulo alrededor de la casa, se trata de optimizar lo más posible el espacio para producirlo. La idea es lograr el equilibrio del ecosistema.


“Varios momentos de felicidad”
Melissa dice que vivía bien en Francia pero que estar a cien metros de Perico le cambió la vida. “Sus ojos azules y su sonrisa linda fueron un todo junto a Viñales”
Le cuenta a su familia que también descubrió lo que es enamorarse de la tierra. Adora “su vida supernatural”. No siente aburrimiento. Le teme a la rutina y afirma: aquí hay algo que crear todos los días. “Cuando tengo muchos productos hago mermeladas caseras. Soy una enamorada de la cocina. Busco que sabor va con qué sabor”.
La madre de la joven campesina francesa le pregunta -por qué no regresas- y ella le responde: mamá no sé cómo explicarte, aunque la situación aquí es más difícil que en Francia, te puedo decir que tengo varios momentos de felicidad en mi vida y no lo siento así allá. Son los momentos simples, me afirma desde la alegría de su carácter.

En L´Armonía las plantas crecen unas al lado o debajo de las otras, se comunican entre sí y cuidan de su salud ante las plagas. No hay espacio a la hierba mala porque todos están cultivados milímetro a milímetro. Las especies subsisten entre sí.

Melissa, la fisioterapeuta y campesina y “Perico” el de los caballos, son felices. En el imperio que han creado de guano, madera y recuerdos de allá y de aquí pasan sus días. El proyecto que desarrollan es poco visto en la zona y algunos campesinos no creían que fueran a lograr cuanto exhiben. A partir de la permacultura satisfacen sus necesidades de alimentación. Cuidan la tierra, a su gente y comparten los recursos desde el valle que “tiene algo que otros no tienen”.
