Las Revoluciones son de la juventud que la sostenga

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Hace días me comentó Felipe, un amigo entrañable, luego de concluido un trabajo voluntario en el que participamos, que creía que la UJC tenía que ser rescatada.

Las palabras me pusieron necesariamente a pensar. Era una afirmación muy fuerte de alguien que ha probado su compromiso con Cuba.

Lo sucedido en el municipio de Los Palacios, decenas de jóvenes en labores agrícolas por el bien común, me marcó.

Yo estuve ahí, vi como diseminaron la convocatoria y pusieron en práctica el slogan “las ideas ya no pueden andar en un mural colgado de la pared”. Las ideas tienen que ser voz en la calle, mensajes en las redes y fructificar, en el boniato sembrado durante esa jornada.

Es verdad que muchos de ellos fueron por cumplir, pero otros estuvieron ahí por convicción.

Ante estas disyuntivas creo firmemente que la UJC es una organización que sí necesita ser repensada.

No he experimentado su impacto como la vanguardia política que fue hace algunos años. Seguimos comentando cada ciclo que necesita renovarse, reinventar nuevas formas, cambiar dogmatismos…

A juicio propio considero, nos hemos demorado mucho para HACERLO, desde las estructuras y movimientos que la integran, hasta la base.

Hoy necesitamos una discusión honesta y autocrítica, es el único camino a recorrer en el futuro.

Cabría entonces razonar estas interrogantes. ¿Qué retos tiene la UJC por delante? ¿Es militancia política de corazón o pura formalidad? ¿La juventud cubana está representada en la organización? ¿Entre las bases y la dirección hay siempre un diálogo transparente y efectivo? ¿Está trabajando por la defensa de los derechos de la mujer, las personas con preferencias sexuales diferentes a las impuestas por la sociedad, la lucha contra todo tipo de discriminación racial u odio…?

Casi todas las respuestas a las interrogantes, no conducen a evaluaciones positivas.

En estos días de pandemia he compartido con jóvenes comunistas que ven la organización inmóvil. Los hay, no comunistas, que hoy militan en ella.

Conozco afiliados que no tienen nada que decir en las reuniones, o peor, prefieren enmudecer. No tienen criterios, no existen dudas, no muestran ideas. Soy un convencido de que, en eso, la responsabilidad es compartida entre quienes dirigen el comité de base y los inmóviles que lo integran.

La militancia es activismo o no es militancia. Rescatar el sentido de pertenencia, la identidad, el destino implacable de la creación, resultan fundamentos esenciales.

En la capacidad que tengamos para criticarnos, está la salvación, en la que yo, confío plenamente.

La Revolución no se hace en silencio, la Revolución se hace en la lucha diaria, de pie en la pelea. Y los jóvenes comunistas tienen gran responsabilidad en construir un mejor país.

No olvidemos que, quienes nos adversan están esperando cualquier oportunidad, desviación o carencia, cualquier vacío para articular sobre nosotros su despiadada maquinaria de odio. Y NO, los jóvenes comunistas, NO se lo podemos permitir.