Las tejedoras de cestos de guaniquiqui

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Arte típico de Viñales

Hace más de cincuenta años que el oficio de tejedora de cestas llegó a Viñales. Hoy cinco mujeres convierten el bejuco de guaniquiqui en arte. Una casa de campo es el taller donde logran, con sus manos, lo que la aguja con el hilo: un tejido que va revelando una gran cesta para pan, con usos múltiples.

Omaida la tejedora y capacitadora. Foto: Ivón Deulofeu.

La fibra del guaniquiqui es dura y húmeda. Las manos de las tejedoras tienen la huella del bejuco que desvisten a la velocidad de la costumbre. Son hábiles y conversan sin levantar la vista. Cada minuto cuenta en las vueltas que deben dar a la cinta para que la canasta quede lista. Una al día, es la norma. Sin embargo, puede que alguna comience otra que deja pendiente para el próximo amanecer.

Los cestos tienen múltiples usos. Foto: Ivón Deulofeu.

Celina Rodríguez es la administradora del taller de guaniquiqui de Viñales que pertenece a Industrias locales del municipio de La Palma. Dice que el bejuco que usan es de las montañas del territorio. Lo trae el recolector en carretones guiados por bueyes porque no siempre hay petróleo para el tractor.

Omaida Acosta tiene treinta años en el taller y es la capacitadora que enseña a las que llegan por primera vez. Es apasionada a tejer el guaniquiqui. En sus manos está la huella de cuanto ha trenzado, dice que no se cansa. Aprendió de su tía. Asegura que con “el bejuquito” se hace lo que uno desee.

La COVID-19 no ha sido obstáculo para el trabajo. La creación de cestos se ha mantenido durante ocho horas diarias. En el momento que Radio Guamá llegó al taller, tejían tres mil canastas para la industria del tabaco. También producen para un punto de venta ubicado en el centro del pueblo de Viñales.

Las trabajadoras consideran que la comercialización debe hacerse en el propio taller y así lograr el proceso productivo íntegro. Anterior a la Pandemia recibían muchos visitantes que admiraban los tejidos de guaniquiqui y solicitaban adquirir algún souvenir de recuerdo.

Yamari es otra de las tejedoras del taller. Foto: Ivón Deulofeu.

La administradora Celina afirma que está en estudio hacer otros diseños para la venta a la población.

Dailin y Yamari escuchan sin dejar de hacer los nudos. La destreza es admirable. Preparan la fibra, limpian la cinta y confeccionan el esqueleto para tejer. Comienzan de abajo hacia arriba. Son varios moldes para diferentes objetos. Llama la atención que no usan guantes y es que -al parecer- deben ser especiales para que no se rompan con la dureza del bejuco.

Viviano Rodríguez en el terreno del antiguo taller de guaniquiqui de Viñales. Foto: Ivón Deulofeu.

El taller de guaniquiqui de Viñales fue muy próspero. Tuvo sus inicios muy cerca del actual. Algunas mujeres que trabajaron aquí vinieron del primero, que se ubicaba en el fondo de la casa de los padres de Viviano Rodríguez, una familia tejedora de canastas. Carmen y Justo fueron los iniciadores de la tradición campesina. Viviano era cortador de bejuco y recuerda cuánto se trabajaba y se apreciaba el arte de las tejedoras.

La creación de cestos se ha mantenido durante ocho horas diarias. Foto: Ivón Deulofeu.

Las trabajadoras sueñan con el local más atractivo y con electricidad, sobre todo, porque cuando los días son muy nublados y llueve, deben iluminar el taller. También escuchar la radio mientras tejen. Las condiciones actuales para trabajar no son las mejores. Han solicitado algunos arreglos que permitirán una estancia más agradable para la creación.

Las tejedoras de cestas de guaniquiqui son un patrimonio de Viñales que debería distinguirse intencionalmente. El oficio, poco visto y admirado, pudiera ser un referente de la historia local para lugareños y los visitantes que llegan de otras latitudes deseosos de encontrar el arte típico.

Foto: Ivón Deulofeu.
Celina Rodríguez. Administradora del taller guaniquiqui de Viñales. Foto: Ivón Deulofeu.
Dailin es una de las tejedoras que labora en el taller. Foto: Ivón Deulofeu.
Foto: Ivón Deulofeu.
Foto: Ivón Deulofeu.
Foto: Ivón Deulofeu.
Foto: Ivón Deulofeu.