Radialistas, héroes de la esperanza

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En estos días de Coronavirus, he descubierto muchos rostros detrás de una mascarilla: médicos y enfermeras, trabajadores de servicios, dirigentes y choferes, en fin, a tantos hombres y mujeres que aportan su granito de arena en este combate por la vida.

Pero también he reconocido, voces que de tan cercanas que son, me enaltecen el espíritu. Y hablo de ese ejército que, cual quijotes enfrentando molinos, ponen su amor a la profesión en función de todo un pueblo.

Hablo de los radialistas, quienes a través de un simple aparato, me han permitido conocer historias que calan el alma, me han informado y me han orientado las maneras de salvar mi vida y la de los míos.

En estos días de Coronavirus, he descubierto que quienes muestran su rostro a través de los sonidos son verdaderos héroes sin capas ni artificios.

Ellos son de los héroes que también sienten miedo, pero que ponen por delante el bienestar ajeno; son de los héroes que a pesar de lo duro que pueda ser el camino, siguen adelante pensando en el futuro.

Son héroes de carne y hueso, unidos en un gran equipo capaz de enfrentar lo que fuera para llegar a los miles que desde el otro lado esperamos la última noticia, el testimonio más sensible y hasta la melodía que nos levanta el ánimo.

Son esos superhombres (y mujeres) que solo con su voz brindan esperanza a los que casi la han perdido. De los que solo con sus manos convierten en música a la tristeza y en himnos a las palabras escondidas.

En estos días de Coronavirus, he escuchado voces jóvenes crecerse ante el micrófono, y voces más experimentadas acompañarlos en ese reto; he escuchado el sonido de una ola, o la nota de un piano, o la confianza de un padre convertida en victoria.

He escuchado esas voces de tantas formas, que solo alcanzo a engrandecerlas, a alabarlas, a reverenciarlas, a esperarlas cada día para agradecerle por hacerme sentir que a través de ellas, hay una nueva esperanza por la vida.