Un país para cada persona
Pinar del Río no solo es “la tierra del mejor tabaco del mundo”, también la de paisajes que hacen detener al más veloz de los seres humanos. La provincia más occidental de Cuba es la dueña de los verdes más verdes jamás vistos. Es como si estuviera siempre esperando una mirada para lucirse.
Para William Faulkner, el poeta, un paisaje se conquista con las suelas del zapato, no con las ruedas del automóvil, de ahí que son muchos los visitantes que se adentran en el mundo interior del territorio como retiro espiritual añorado.
Jamás un paisaje es el mismo, depende del pensamiento del que mira, de su sensibilidad. Es una composición que nace y muere todos los días de alguna manera. Hay elementos envejecidos y otros que germinan para copar algún espacio que es del viento.
La luz, a pesar de su intensidad, no puede con la espesura que forman las plantas, de ahí la sombra. Los contrastes son la guerra por la subsistencia.
Hay paisajes que provocan sonrisas, otros tristeza, algunos nostalgia y muchos, alegrías infinitas. Las campiñas son sitios de la esperanza. Cuántas veces alguien puede exclamar: espero algún día ir a Viñales, a la Península de Guanahacabibes y simplemente añorar el campo para descansar.
El paisaje es libertad por la infinitud de sus espacios y el sonido del silencio. Es un país para cada persona. Es, cada persona en su intento de admirar. Es el espacio entre la mirada y el suspiro.














