Yohan Alejandro, más cubano que el arroz congrí, y pelotero hasta la muerte

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Yohan Alejandro Ulloa Ortega, hace algunos años no reside en la isla. Este pinareño, apasionado del béisbol, la rumba y la trompeta hoy vive en Miami, estado de la Florida.

Los miles de kilómetros que distancian a Yohan de Cuba, no le han quitado ese amor por sus Vegueros pinareños. Por mucho tiempo formó parte de la comisión de embullo que apoyaba desenfrenadamente a sus muchachos.

“Todo comenzó cuando estaba en la Secundaria Básica en Cuba, un amigo me enseñó a tocar trompeta y me enamoré de ese instrumento. Después vinieron a verme los miembros de la conga pinareña porque no tenían trompetista, y yo me aprendí todos los coros para animar esos espectáculos.

“Como soy de un barrio marginal en el reparto Cuba Libre (El Rancho) ahí formábamos fiestas en las esquinas o en las actividades especiales del Primero de Mayo, día de los Comités de Defensa de la Revolución, en las actividades propias de la rumba, todo eso me sirvió para poder apoyar a los Vegueros en cada escenario deportivo”, comenta el barbero que hoy reside en Hialeah.

Yohan Alejandro formó parte de la comisión de embullo del equipo de Pinar del Río por mucho tiempo. Foto: Cortesía del entrevistado.

Este joven que inició la carrera de telecomunicaciones en la universidad pinareña, vive como nadie el torneo preolímpico de las Américas. Desde su puesto de trabajo en Hialeah buscó la manera de movilizar a los buenos cubanos para “desde las gradas”, transmitir las mejores vibras a sus peloteros.

“Siempre soñé poder estar brindando apoyo a mi país en un evento internacional, y ya ves la vida me premió con este torneo. Tengo muchas iniciativas, aquí hay una comunidad que sí apoya al béisbol y a los cubanos, somos gente que aunque estemos fuera de Cuba amamos la pelota y somos patriotas.

“Nada tiene que ver que estemos fuera del país, nosotros solo le pedimos a los peloteros, que disfruten el juego, que se olviden de los agentes externos, que vean en esta comunidad amplia de cubanos a sus hermanos, a quienes los vamos a estar apoyando hasta el final, porque sabemos que sí es posible lograr esa clasificación olímpica”.

Como habitante de la comunidad de antillanos residentes en los Estados Unidos, reconoce el daño que hoy provoca la ruptura del acuerdo con las Ligas Mayores de Béisbol, además de asegurar que la pelota cubana debe reinventarse para seguir manteniendo su liderazgo en eventos internacionales.

Aprendió a tocar la trompeta y confiesa que se enamoró de ese instrumento. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Mira, el que dude que el béisbol en nuestro país tiene que reinventarse, está mal. Hay que buscar la manera de apoyar a los muchachos más jóvenes, de darle un estímulo material, además de invertir en implementos para que la práctica llegue a cada rincón, porque la pelota -nadie lo dude- es la pasión del cubano. Olvídate del fútbol, en Cuba la pelota es pasión.

“La ruptura del contrato con las Ligas Mayores de Béisbol lo veo mal porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer un pelotero cubano que quiera probarse en la mejor carpa, por eso, tantas figuras talentosas se nos han marchado y es duro, porque somos una máquina de producir peloteros”.

Sin renunciar a su patria chica Pinar del Río, Yohan Alejandro Ulloa Ortega se autoproclama más cubano que el arroz congrí, y pelotero hasta la muerte; un joven que no pierde la fe en regresar al capitán San Luis y apoya la inclusión del béisbol bajo los cinco aros.

“Yo soy cubano al 200 por ciento. Soy rumbero, pelotero, ranchero y patriota. Para que veas mi amor por la pelota, soy el administrador de varios grupos en redes sociales dedicados a la pelota pinareña, aprovecho para enviarle un saludo a todos y decirles que ellos también están aquí.

Este pinareño siempre soñó con poder brindar apoyo a su país en un evento internacional, y la vida lo premió con este torneo. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Mi garganta será en este evento la de once millones de cubanos que están en la isla. No pierdo la oportunidad -y lo digo de corazón- de volver a entrar al estadio de mis sueños: el Capitán San Luis”.

La conversación detiene su curso, Yohan Alejandro me pide un momento. Del otro lado la voz ronca languidece y siento que su pasión por la pelota entraña muchas cosas, sobre todo, sentimiento.

“Yo soy más cubano que el arroz congrí, y te digo, mi amor por la pelota cubana es hasta la muerte”.

Este antillano, en medio de lo adverso que ha sido el escenario competitivo, está ahí, con la garganta como trompeta, con las ideas como coros, y la clave lograda con palmadas, que indican los compases en cada juego de pelota.